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Por todos es conocido la importancia del establecimiento de límites en el desarrollo armónico de la vida de los niños/as y adolescentes. Sin embargo, en consulta a menudo nos encontramos que son los progenitores los que no tienen claro cómo deben hacerlos cumplir. Hoy, vamos a profundizar sobre el procedimiento más adecuado para establecer los límites durante los primeros años de la vida de tu hijo/a.

En primer lugar, conviene resaltar que el desarrollo infantil ha de sustentarse sobre dos pilares básicos: amor y límites. Los niños necesitan sentirse queridos de manera incondicional y acotados por unas normas que guíen su conducta, ya que, los límites les ayudan a aprender a diferenciar lo que está bien de lo que no lo está, así como a saber lo que nosotros esperamos y deseamos de ellos. Hace su mundo más predecible y seguro. Un niño con una noción confusa sobre lo que está socialmente permitido y lo que no, a menudo despierta el rechazo de los demás. Muchos de los conflictos interpersonales que frecuentemente presentan los niños durante sus primeros años de vida, se derivan de su desconocimiento acerca de los límites, o bien, de haber sobrepasado la norma con el objetivo de comprobar y aprender qué sucede cuando lo hacen.

Por tanto, es tarea del adulto de referencia ayudar al niño a conocer la existencia del límite y cerciorarse de que ha comprendido el sentido de la norma y las consecuencias que derivan de su incumplimiento. Sin embargo, uno de los problemas a veces aparece cuando el niño se cuestiona por qué es tan importante seguir las normas o se niega a hacerlo, y entonces el papá o la mamá, con la mejor de sus intenciones, responde con frases del estilo, “porque sí, porque en la vida hay normas y hay que cumplirlas hijo, cuando crezcas lo entenderás”, en vez de explicarle que las normas son instrucciones que nos indican cómo nos tenemos que comportar, pecando en ese momento de menospreciar la capacidad de comprensión del menor.

Además, es importante resaltarle los beneficios de seguir las normas y, cómo éstas, nos ayudan a saber comportarnos y a entender qué tenemos que hacer para que los demás estén contentos con nosotros, y nosotros con los demás. Es conveniente que se le recuerde que los adultos diariamente seguimos normas tales como hacer caso a la policía, tirar los papeles a la basura o pagar en las tiendas, así como las consecuencias que tendría que nadie las cumpliese.

Un ejemplo muy ilustrativo que les ayuda a comprenderlo, es explicarles la necesidad de respetar las normas de tráfico, en concreto, el uso de los semáforos. No obstante, debes permitir que sea él mismo quien llegue a ese razonamiento por medio de preguntas como, “¿qué pasaría si me salto el semáforo cuando está en rojo?, ¿qué consecuencias tendría?, ¿cómo me sentiría si eso pasase?”, para, posteriormente, ayudarle a extrapolarlo a las normas que él/ella debe cumplir en su día a día.

Cuando dedicamos un tiempo a reflexionar con los niños cada vez que se le fija un nuevo límite, además, estamos contribuyendo a perfilar un pensamiento crítico que le dotará de mayores habilidades comunicativas y sociales, mayor empatía y autoestima, y, en definitiva, le estaremos guiando para ser y estar más feliz en el mundo en el que vive.

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  • Mariola Calvo Navarro dice:

    Quien dedica a l@s niñ@s su talento profesional ante sus problemas y mejorar sus inquietudes, garantiza un presente y futuro mejor. Adult@s del mañana. Enhorabuena Marta.

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