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La Dependencia Emocional es un estado mental que surge dentro de los vínculos con otras personas y que se puede superar gracias al trabajo conjunto en terapia como he hecho en numerosas ocasiones a lo largo de mi experiencia profesional. No necesariamente tiene que estar enfocado dentro de una relación de pareja, también se puede dar en relaciones de amistad, familiares o laborales.

El primer paso importante es ser capaz de identificar los síntomas de que la relación se ha vuelto tóxica. Lo que está ocurriendo es que se ha dado un enganche emocional excesivo y esto genera en la persona una sensación de carencia afectiva, de falta de consideración y de reciprocidad por parte del otro. En cualquiera de las posiciones hay sufrimiento emocional debido a la tensión creada por este tipo de vínculo, que si no se gestiona adecuadamente puede llegar a erosionar la relación hasta el punto de ocasionar la ruptura de ella y el duelo asociado a la pérdida.

La Dependencia Emocional está caracterizada por una necesidad por la otra persona, acompañada de bastante ambivalencia con respecto a lo que se desea y cómo se actúa. Aparece un anhelo constante de ver a la otra persona, pasar tiempo a su lado, que te haga partícipe de su vida; queriendo conocer anécdotas, círculo social, planes, pensamientos, deseos… y querer que te corresponda al mismo nivel de implicación en la relación (pero aquí hay que tener en cuenta que realmente no está habiendo una falta de reciprocidad o de confianza del otro, sino que se trata de una intrusión en su vida, con falta de límites). Si no se cubre esta necesidad, la persona dependiente experimentará ansiedad, angustia e impulsividad. Hay que tener en cuenta que la dependencia emocional no es sinónimo de sumisión, al contrario, en la mayoría de las relaciones lo que encontraremos en la persona dependiente es una lucha activa por alcanzar la relación deseada, habiendo conductas de exigencia sobre cómo debe actuar el otro. Por ejemplo, una madre que llama diariamente y varias veces a su hija de 30 años cuando ella sale, para conocer con quién va a estar, qué va a hacer en las próximas horas, si se encuentra bien e incluso reclama y reprocha que ella no la haya llamado o se haya acordado de preguntarle cómo está.

Esta intromisión en el espacio personal puede tener dos salidas. O bien que la persona lo acepte, lo cual podría dar lugar a una codependencia, a parte de una gran limitación vital, teniendo, por ejemplo, que consensuar muchas decisiones personales o justificarse por ellas. Esto acabará causando tensión y sensación de ahogo dentro de la relación. O bien, que la persona muestre resistencia y mantenga los límites, lo cual desencadenará numerosas discusiones donde la persona dependiente va a sentir rechazo, soledad, decepción y desamparo, por lo que probablemente más se volcará en la relación para evitar la pérdida. A la vez que la otra persona estará experimentando agobio, culpa y pena, y es probable que se aleje cada vez más e intente escapar para liberarse de la presión.

Es principal saber gestionar estas emociones a tiempo para que exista libertad, respeto y tolerancia, todo desde una calma emocional que asegure que la relación sea sana y perdure. Si sientes que estas en una situación parecida, ponte en contacto con nosotros para poder reconducir la relación. De esta manera, ganarás tú personalmente, pero también ganará la relación y la otra persona. Primera sesión informativa gratuita. 

Soy Sonia García Rodríguez, Especialista en Terapia Afectiva, Sexual y de Pareja en Paz de Roda, Centro de Psicología.

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