El miedo es una de las emociones básicas del ser humano. Esto quiere decir que se trata de una emoción transcultural pues se produce en los individuos de todas las culturas del mundo y es fácilmente identificable a través de las expresiones faciales.

¿Qué ocurre cuando sentimos miedo?

Como todas las emociones, el miedo tiene la función de darle un mensaje a nuestro cuerpo sobre cómo actuar ante los estímulos del entorno. En concreto el miedo nos avisa de que nos encontramos ante un peligro y rápidamente activa en nuestro cuerpo un estado de alerta que nos prepara para la defensa, a través de ciertos cambios fisiológicos (por ejemplo, aumenta los latidos del corazón para bombear más sangre y que ésta llegue a los músculos, teniendo así mayor potencia ante una respuesta de huida o lucha).

Por lo tanto, el miedo es positivo, es una emoción que nos ha permitido la supervivencia de la especie. Esta emoción se encuentra presente a día de hoy a pesar de que actualmente vivamos en unas condiciones de seguridad donde es extraño que peligre nuestra vida. Sin embargo se ha extrapolado a otros contextos donde nuestra integridad física no está directamente amenazada de forma violenta, pero sí las áreas vitales que sostienen nuestro bienestar.

Vemos entonces cómo surge el miedo a la soledad – el miedo al compromiso – el miedo al ridículo – el miedo a perder el trabajo o una relación – el miedo a la enfermedad, etcétera… Esto generará un sufrimiento en la persona, puesto que se trata de amenazas que nos van a acompañar en nuestra vida diaria y de las que es casi imposible escapar.

Aquí se suma el componente de incertidumbre, la imposibilidad de tener un control sobre cualquiera de estos aspectos hará que sintamos ansiedad. Lo que está en riesgo son las áreas principales de nuestra vida (pareja, trabajo, autoestima, familia…) y perder alguna de ellas supone un coste demasiado alto.

¿Qué diferencia existe entre este miedo y el que podemos experimentar en Halloween?

Estamos a pocos días de vivir una de las noches más terroríficas del año, donde pueden salir a la luz ciertos miedos que parecían ocultos.

El componente de control interfiere como elemento protector en Halloween. Desde nuestra razón, sabemos que se trata de un día en concreto (el tiempo de exposición tiene un inicio y un final que conocemos), es una fiesta que experimentamos cada año (ya tenemos experiencia de una exposición victoriosa ante este día) y además sabemos que la amenaza no es real (los monstruos, fantasmas, brujas, no es algo que vaya a estar en nuestras vidas y nos pueda hacer daño).

Existen personas que disfrutan de esta emoción. El miedo supone una descarga altísima de adrenalina. Igual que cuando realizas puenting, salto base o cualquier tipo de deporte extremo…

Por lo tanto, una exposición controlada a esto (películas de terror, casas encantadas,…) hará que puedas experimentar estas sensaciones sabiendo que es algo controlado, por lo que puedes centrarte en vivir la emoción y disfrutar. De esta forma, la noche de Halloween es una noche para vivir la emoción del miedo desde un estado de seguridad, poder compartir con amigos sustos y risas y enfrentarnos a estímulos que pueden parecer terroríficos pero a los que nos exponemos sin problemas.

Desde el equipo Paz de Roda Centro de Psicología, os animamos a que viváis Halloween como una noche divertida llena de disfraces y magia.

Qué prefieres, ¿Truco o trato?

 

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