Ansiedad

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La ansiedad es una respuesta emocional que emite una persona ante la percepción de amenaza. El peligro percibido puede ser a nivel psicológico (recibir una llamada de un hospital porque han ingresado a un familiar y no te dan más explicaciones), físico (como percibir un bulto sospechoso en el pecho) o social (como enfrentarse a una conferencia o a hablar ante un público extenso). La ansiedad es una emoción inevitable que vamos a experimentar todos en tanto en cuanto surja la incertidumbre de padecer algún tipo de peligro. De hecho, la ansiedad es sumamente adaptativa. Una especie animal que no experimentase ansiedad o miedo se extinguiría pues no sería capaz de detectar y reaccionar con la suficiente rapidez y eficacia ante los peligros. La ansiedad es una respuesta positiva, siempre que sea congruente con la situación y moderada en su expresión, puesto que pone a nuestra disposición unos extraordinarios recursos físicos (mayor fuerza y resistencia) y psicológicos (mayor concentración,

rapidez en la toma de decisiones y motivación para actuar). Sin embargo, en ocasiones, la ansiedad se vuelve contra nosotros. La ansiedad es patológica cuando se produce ante estímulos que no son realmente peligrosos para la supervivencia (o que no lo son en mayor medida que otros) o porque la intensidad, la frecuencia y la duración de la ansiedad son muy elevados y por tanto producen una interferencia. La ansiedad patológica puede parecer inmotivada, dado que se produce en situaciones donde aparentemente no hay peligro (la persona con ansiedad se da cuenta de que su temor es irracional o exagerado y que otras personas viven esas situaciones sin ninguna ansiedad), pero en realidad es fruto de una serie de razonamientos distorsionados que hace la persona. Así pues, no es tanto un estímulo el que produce ansiedad, sino la valoración que se hace del estímulo y de las consecuencias negativas que se prevén.

Cuando la ansiedad es patológica se generan síntomas:
  • A nivel intelectual produce pérdida de concentración, fallos en la memoria, sensación de alerta.
  • A nivel cognitivo causa pensamientos obsesivos, anticipaciones catastróficas, preocupaciones constantes.
  • A nivel emocional origina hostilidad, irritabilidad, angustia, alerta.
  • A nivel fisiológico desencadena a corto plazo taquicardias, hiperventilación, mareos… y a largo plazo promueve trastornos cardiovasculares, problemas gastrointestinales.
  • A nivel conductual provoca ingesta emocional, insomnio, consumo de sustancias tóxicas, evitación de situaciones.

Estas manifestaciones erosionan a la persona que los padece y puede interferir en cada una de sus áreas vitales (trabajo, ocio, autoestima, relaciones de pareja, amistades, estado de ánimo).

La ansiedad puede ser:
  • Ansiedad Generalizada: preocupaciones constantes y obsesivas basadas en anticipaciones (la persona predice la ocurrencia de eventos negativos que se darán en un futuro. Recomendamos la lectura del blog de “Vivir en el y si”).
  • Ansiedad fóbica: temor a situaciones concretas como volar, conducir, animales, atragantarse.
  • Ansiedad social: se presenta ante situaciones sociales y la persona teme el rechazo, el ridículo o parecer poco interesante, simpático e inteligente.
  • Ansiedad hipocondríaca: la persona teme estar enferma o enfermar y tiende a ser aprensiva.
  • Ansiedad agorafóbica: la persona teme estar en una aglomeración (supermercado, cola, medios de transporte) o quedarse sola en casa. En ambos casos, la persona tiene miedo a sufrir un ataque y no contar con ayuda y/o con posibilidad de escape.
  • Ataques de pánico o trastorno por angustia: síntomas súbitos y muy intensos a nivel físico (taquicardias, sudoración, hiperventilación, mareos…) que la persona interpreta como que está sufriendo un ataque cardiaco, que se está volviendo loca o que está perdiendo el control.
  • Ansiedad obsesivo-compulsiva: la persona tiene pensamientos extraños y muy incómodos a los que no se puede resistir y debe neutralizarlos con rituales como comprobar el gas, rezar, lavarse las manos y así evitar las posibles desgracias que teme.
  • Ansiedad ante por adaptación a los cambios o a situaciones complicadas (estrés y acumulación de trabajo, mudanza, nacimiento de un hijo, acoso laboral).
  • Ansiedad resultado de un trauma importante (maltrato, abuso sexual, secuestro). En este caso, la ansiedad se conjuga con depresión, bajada de autoestima, inestabilidad emocional, vacío existencial, miedo a volver a sufrir lo mismo, evitación de situaciones y lugares…
El tratamiento consistirá en:
  • Evaluación y explicación detallada del problema por parte del psicólogo.
  • Auto-conocimiento: qué me pasa y de dónde proviene.
  • Psicoeducación de las emociones: saber identificarlas y gestionarlas (ni bloquearlas, ni inundarnos con ellas, sino escucharlas y canalizarlas adecuadamente).
  • Aprender a relativizar.
  • Aprender a controlar el pensamiento para no anticipar y no catastrofizar.
  • Aprender a reducir el temor a la incertidumbre.
  • Reestructurar rutinas (alimentación, sueño, ejercicio, etc).

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